Cómo manejar las Crisis Personales.
Cómo manejar las Crisis Personales.
Cuando sobreviene una crisis, pretendemos mucho
más que el alivio o la curación.
Muchas veces ha sido dificilísimo expresar esta
verdad psicológica sin que parezca ofensivo a alguien que está
sufriendo el
trauma de una crisis. Casi nadie quiere "crecer" ni
"superar": queremos que nuestra hija vuelva a vivir, que
nuestro
cónyuge regrese a casa, que nuestro jefe nos dé otra oportunidad,
que el médico
diga que cometió un error...
En otras palabras: deseamos lo que perdimos,
no algo nuevo, por más atractivo que sea.
Este hecho real y esperanzado inherente a la crisis
es lo que llamamos "el factor fénix". El fénix de la mitología
era un
ave extraordinaria que vivía mil años y moría entre las llamas.
Al quemarse la
pira funeraria, el fénix sufría una transformación mágica: en el
lugar de
consumirse, se levantaba de las llamas, renacido, más bello que
nunca, para
vivir otros mil años.
Es verdad que la crisis puede conducir al desastre,
pero también puede hacerlo hacia el renacimiento y el desarrollo
personal. ¿Qué
es lo que hace que una crisis cause gran daño inmediato o
problemas
psicológicos mediatos pero también que conduzca al renacimiento,
el desarrollo
y la madurez?
La diferencia radica en saber cómo capitalizar
positivamente una crisis, en controlar el acontecimiento y
encauzarlo e manera
que sirva para el desarrollo. El "factor
fénix" está
presente en toda situación crítica, pero hay que saber cómo
usarlo.
No sólo puede hacerse: usted puede hacerlo. Quizá no
en forma simple e indolora, pero con la comprensión de la
naturaleza de la
crisis y el conocimiento de las técnicas que se explicarán, usted
puede lograr
que la crisis no sólo no le hago daño sino que lo mejore.
Como el ave fénix,
usted puede resurgir de las cenizas y volver a vivir;
puede renacer más
fuerte, más maduro, con mayor control sobre su vida del que usted
creyó
posible.
El suceso que provoca la crisis, la bomba que
estalla en su vida, exige que usted haga algo para
encarar la situación.
Pero su incapacidad para asumir el hecho empleando los métodos de
siempre es lo
que convierte al suceso en una crisis, en lugar de que quede como
una
experiencia mala o simplemente como un problema.
Una experiencia produce una crisis cuando
influye de tal manera en el mecanismo normal de resolución de
problemas, que
quien la sufre resulta a veces derrotado por la tensión.
Cuando los métodos de siempre para lidiar con
las dificultades, tales como salir a
caminar, ir al cine, hablar con un amigo, gritarle al perro,
salir de
vacaciones o lo que sea, ya no funcionan... se está en
crisis.
En realidad, el fracaso de los métodos
habituales para encarar las cosas, frente a esa situación nueva y
espantosa, es
lo que distingue a la crisis de cualquier otra clase de problema
en la vida. SI
usted pudiera manejar la alteración, hablar de sus sentimientos,
pensar en el
problema, entonces no estaría sufriendo una crisis. Podríamos
decir que usted
está pasando por una época muy mala, quizá, pero no por una
crisis.
Una crisis provoca emociones asombrosas e
intensas (culpa, miedo, rencor, ira, desesperación y
hasta odio. Anula casi
todos los intentos de entender la situación y abre las puertas a
toda clase de
comportamientos erráticos.
El caos tremendo de una crisis afecta a
todos los aspectos de la vida. Desencadena emociones
nuevas, fuertes
alteraciones de la rutina normal, síntomas físicos de
enfermedades y crea
tensiones en las relaciones con los demás. También afecta
profundamente la
visión que se tiene de sí mismo y de la vida.
Casi todas las personas en crisis se
describen diciendo que sienten que se vuelven locas.
Pueden estar más
furiosas de lo que jamás estuvieron o encontrarse llorando de
manera
inconsolable, cuando en el pasado tomaban las malas noticias con
calma. Se les
ocurren ideas que nunca tuvieron antes, o se hieren o hieren a
los demás, o
huyen al extranjero. Hacen cosas que nunca hicieron, como
insultar a un miembro
de la familia o decirle al jefe que se vaya al diablo.
Una adaptación adecuada del poema de Rudyar
Kipling: "Si...", sería:
"Si puedes
mantener la calma cuando todos la pierden... significa que no
comprendes la
situación".
La sensación espantosa de que uno no puede controlar
su vida es causante de crisis. Usted a sufrido un golpe terrible
que lo ha
dejado indefenso. Usted es vulnerable, quizá como nunca lo ha
sido. Y usted
siente en forma aguda esa vulnerabilidad: siente que ya no tiene
nada que lo
anime.
Este período de vulnerabilidad es un período de
peligro, pero también representa una oportunidad.
Cuando no se pueda encarar una situación, cuando están bajas las
defensas,
cuando se está abierto a cualquier medio para superar la
experiencia. El menor
empujón hacia un lado u otro, una idea, la opinión de un amigo,
un cambio de
perspectiva, pueden llevarlo hacia el crecimiento o hacia el daño
permanente.
Un ejemplo fue el de un señor al cual el abandono de
su mujer lo alteró tanto que por primera vez en su vida estuvo
dispuesto a
escuchar la verdad sobre él mismo. La crisis hizo que se abriera
a las
alternativas.
La vulnerabilidad abre las puertas a ideas nuevas y
diferentes. Esa es la gran oportunidad para comenzar
a
desarrollarse.
|
El tercer resultado posible de una crisis es el
crecimiento. Puede significar muchas cosas, incluso el
"aumento de la
capacidad para hacer frene a los problemas, actitudes más maduras
y sinceras
ante la vida, mejores relaciones con los demás, mayor
independencia de criterio
ante nuevas experiencias, una sensibilidad más aguda a las
necesidades y
problemas de los demás, lazos más fuertes con los seres queridos
y mayor
capacidad para encarar los problemas de la vida en forma
constructiva.
El crecimiento es el único resultado positivo
de una crisis.
Cualquiera sea la forma que adopte, el crecimiento
puede definirse como la elaboración de la experiencia crítica de
manera que
pase a formar parte de la trama de la vida, dejándolo a uno
preparado para
enfrentar el futuro.. Usted ha crecido como consecuencia de una
crisis si,
cuando la crisis ha terminado, está listo para seguir viviendo,
trabajando,
divirtiéndose y amando.
A menudo las personas que han crecido mediante las
crisis cuentan que descubrieron habilidades y recursos
que nunca habían
usado antes; sucede lo mismo que cuando despiden a
alguno de un empleo y
entonces aprovecha para seguir su vocación, lo que había soñado
toda la vida.
Muchos dicen que manifiestan más sus sentimientos.
Sobre todo los hombres se vuelven más tiernos y expresan más sus
emociones, son
más delicados con sus esposas, más cariñosos, como resultado de
haber sido
sacudidos por una crisis matrimonial.
Algunas crisis acercan a los miembros de la familia.
Suele ocurrir que ante el dolor de la pérdida, los familiares se
dan cuenta de
lo que significa la relación entre ellos. El crecimiento se
produce cuando
aprenden a expresar el cariño con más naturalidad.
Nuevos sueños, nuevos planes, nuevas actitudes
frente a la vida pueden desarrollarse en las personas que han
superado crisis. Muchas encuentran un nuevo significado
en sus creencias religiosas y
desarrollan una comprensión más madura de Dios. Muchas personas
se sienten más
fuertes de lo que creían que eran y adquieren una mejor opinión
sobre sí
mismos.
El crecimiento como resultado de una crisis puede
ocurrir en cualquier aspecto de la vida. Pero los
riesgos son grandes. Existe
tanto el peligro como la oportunidad.
En el corazón del factor fénix está la idea
de que el dolor de la crisis puede transformarse en algo
ventajoso para usted. Ya
sabe que su vida no volverá a ser la misma. Lo que es
posible que no sepa
es cómo dirigir sus esfuerzos para lograr un futuro nuevo y hasta
mejor para
usted.
HÁGASE USTED MISMO LOS
PRIMEROS AUXILIOS PSICOLÓGICOS
Los primeros días y semanas después de una
crisis son los más difíciles. Pueden sentirse avasallado por
sentimientos
dolorosos, pensamientos terribles y quizá una amplia gama de
malestares
físicos. Puede no saber adónde dirigirse, qué hacer, a pesar de
que siente la
necesidad de hacer algo enseguida.
Es normal, en el calor de la crisis, querer
manejar todos los problemas al mismo tiempo. La esposa
abandonada se
enfrenta a un torrente de preguntas que exigen respuestas
inmediatas.
¿Por qué lo hizo?
¿Así piensa de mí?
¿Quedaré siempre sola?
¿Volverá?
¿Qué pensarán mis amigas?
¿Eso perjudicará a los chicos?
¿Qué les diré esta noche?
Estas cataratas de preguntas, pensamientos y
sentimientos son normales, pero como resulta imposible encarar
todo al mismo
tiempo, usted debe elegir qué es lo que tiene que encarar de
inmediato y qué
puede postergar para más adelante.
La terapia de crisis por otra parte, es algo
completamente diferente. Sus objetivos son mucho más
ambiciosos y se tarda
más en lograrlos. La terapia de crisis lo ayuda a
elaborar la crisis de
modo que incorpore a la trama de la vida el acontecimiento
traumático,
haciéndolo tomar su lugar junto a otros sucesos de su vida;
también lo prepara
a usted para enfrentar el futuro. Esto puede tomar muchos meses,
y a veces,
años, porque las actividades de la terapia de crisis se extienden
a lo largo de
mucho tiempo.
Este es el momento de tener presente que la
vida no será la de siempre por un tiempo. En realidad lo mejor
será que usted
no trate de que su comportamiento sea "normal".
Muchas personas complican sus problemas porque
se imponen la conducta habitual y se sienten culpables porque no
pueden estar
tan bien como solían. Pero la crisis no es
normal.
Una crisis, por definición, no es un tiempo
normal. Es justamente cuando todo es anormal.
Dése permiso para sentirse mal. Permítase
sentirse terriblemente mal. Sea amable con usted mismo. Tenga
presente que sólo puede hacer lo que se requiera en ese momento y
que eso es
bastante.
PROTEGIÉNDOSE
CONTRA
Protegiéndose contra acciones
fatales
Quizá usted está preguntándose:
"¿Qué sentido tiene? ¿Por qué debería
continuar?".
Tal vez ni siquiera puede concebir que las cosas mejorarán, que
la vida volverá
a ser buena, que hay un futuro para usted. A veces llega a
pensar: "Todo
terminó para mí. Es mejor que renuncie".
No es el único que piensa y siente de esa
manera. En alguna oportunidad casi todos hemos tocado fondo y
hemos sentido el
deseo de renunciar. La vida parece tan negra que se nos ocurren
toda clase de
ideas; idea que, si nos concentramos en ellas, se convierten en
inmovilizantes.
Ideas como, por ejemplo:
"¡No puedo
continuar!"
Puede sentirse muy pequeño e insignificante
frente a la adversidad. Se siente totalmente impotente,
indefenso. Todo
lo que hace es pensar que nada vale la pena y que es inútil
continuar.
"¡No puedo manejar
esto!"
Puede ver la situación como algo que otros
pueden manejar pero no usted. Se dice: "No soy lo bastante fuerte
para
encarar esto". "No tengo lo que se necesita para seguir
adelante".
"¡Nada de lo que yo
haga tendrá ninguna influencia!"
Piensa que nada de lo que haga para ayudarse
le será útil. Piensa que si prueba una técnica nueva y anda bien
por unos días,
luego fallará. Y entonces volverá a tocar fondo y nada habrá
cambiado. Se
siente condenado.
Uno de los aspectos más peligrosos de una
crisis es que desata ideas e impulsos muy
destructivos.
Esos pensamientos e impulsos son muy comunes.
Después de todo, cuando las pautas normales de la vida se han
lesionado
gravemente, parecería que no quedan motivos para seguir viviendo.
Su razón
de vivir puede haberse basado en el estilo de vida que usted
llevaba.
Cuando éste desaparecer porque ha muerto un ser querido, se ha
roto una
relación o ha tenido un fracaso financiero, usted puede
preguntarse si el
futuro vale la pena ser vivido.
En otras situaciones usted puede sentirse
furioso con alguien que usted cree ha destrozado su mundo,
O puede estar tan
alterado y confundido que tiene poco control sobre sus impulsos
destructivos.
Por desgracia esos impulsos violentos conducen con frecuencia a
una conducta
destructiva. Hay ejemplos de esto en las notas sobre crímenes y
suicidios que
aparecen en los diarios. El cónyuge abandonado que mata a otro y
se suicida, o
el empleado despedido que regresa al lugar de trabajo y mata al
jefe que lo
despidió.
Sea lo que fuera lo que los motiva - falta de
control, la idea de que no vale la pena el futuro - esos impulsos
amenazantes y
violentos deben tomarse muy en serio. Usted se da cuenta cuando
tiene esa clase
de impulsos y debe tomar precauciones para protegerse a sí mismo
y a los demás
de acciones fatales; acciones que por supuesto reducen las
opciones.
LA FALTA DE ESPERANZA:
CUANDO
TODO PARECE
PERDIDO
Es un hecho indiscutible - al que no dan mucha
importancia los que trabajan con personas suicidas- que
los impulsos
suicidas, como los impulsos homicidas, son por lo general de muy
corta duración.
El deseo de morir o de matar normalmente disminuye, con
frecuencia en cuestión
de horas, pero por lo general es un asunto que dura días. Eso no
quiere decir
que el mismo impulso no pueda volver a aparecer. Puede, pero la
cuestión es que
el deseo de morir o de poner fin a una vida nunca es total e
irrevocable: puede
revertirse rápidamente.
LUCHANDO
Es bueno que tenga presente que todo el mundo tiene pensamientos
negros,
desesperanzados, durante una crisis. Sin embargo, las personas
tienen tendencia
a creer que son únicas, que nadie más siente de esa manera ni
tiene esos
pensamientos depresivos. Usted se echa la culpa por no ser más
fuerte, no
reaccionar, por no tomar las cosas al paso.
El mejor antídoto contra los pensamientos
inmovilizantes, depresivos, es luchar. Atáquelos con pensamientos
más
esperanzados, más equilibrados, más verdaderos. Cuando ataca la
desesperanza,
dígase:
"Aunque yo no tenga
control sobre lo que está ocurriendo, tengo control sobre la
forma en que voy a
reaccionar".
"Daré pequeños pasos
hacia mi curación".
Comprométase a tomar las cosas una por una. No
haga cambios grandes y olvídese de tratar de reconstruir todo, de
construir
Roma en un solo día. Haga lo que puede hacer mientras sigue
viviendo y desee
tiempo para curarse.
"Eso también
pasará".
Su crisis también pasará. Cuando usted cree
que ya no puede aguantar más, recuerde que todo eso va a cambiar
pronto. Una
nueva estabilidad surgirá del caos.
"Como yo no tengo la menor idea de lo que
va a ser de mi nueva vida, podría ser mejor de la que puedo
imaginar". El
creador de la terapia gestáltica, Fritz Perls,
nos recuerda que la
ansiedad es realmente como "miedo al escenario". Es preocuparse
por
cosas que todavía no han sucedido. Nadie tiene la menor idea de
cómo será el
futuro, así que no tiene sentido pensar en lo peor y preocuparse
por lo mal que
van a estar las cosas.
Escriba en una hoja todas las cosas en las que
está pensando en este momento.
No es necesario que escriba cosas muy
complicadas; solamente todas sus preocupaciones y frustraciones,
y hágalo en
forma de lista.
IDENTIFICAR SUS PRIORIDADES PRINCIPALES
Revise la lista que acabad de hacer y decida qué tiene que hacer
ahora y
qué puede esperar. Ponga una señal en las cosas que deben
resolverse en las
siguientes horas o días.
Una manera de elegir estas cuestiones es
buscar algo que, si se deja sin atender por las siguientes horas
o días, puede
reducir sus opciones para el futuro.
Esta es la piedra fundamental del manejo de la
crisis: estudiar las acciones posibles y elegir aquellas
que disminuyen las
pérdidas y que mantienen tantas opciones abiertas como es
posible.
En cualquier situación de crisis, la
determinación de las prioridades (decidir qué es lo que tiene que
hacer
enseguida y qué puede dejar para después) le evitará errores,
confusiones y la
frustración de no poder resolver todo al mismo tiempo.
También ocurre que al postergar todo, excepto
los asuntos que requieren una solución inmediata, se evita tomar
al calor de la
crisis decisiones que van a tener mucha influencia en la vida:
decisiones de
las cuales usted podría arrepentirse más adelante cuando tenga el
tiempo
necesario para pensarlas.
El acto de postergar una decisión no es lo
mismo que ignorar el problema, no asumir la responsabilidad o
huir de la
realidad. En realidad al posponer ciertas decisiones lo que usted
está haciendo
es manejarlas de una manera efectiva, diciendo: "Atenderé esto
más
adelante, cuando pueda dedicarle el tiempo y la energía
necesarios".
Como las crisis por lo general se producen por
problemas enormes, las técnicas normales para resolver problemas
no sirven para
estos casos. Sus métodos para tomar decisiones no pueden servir
para esta
situación porque usted está pensando demasiado en el problema.
Decida el
problema en pequeñas partes, y, por todos los medios, use todos
los recursos
externos de que pueda disponer: amistades, sacerdotes, familia,
médico.
PAUTAS PARA EL CRECIMIENTO
Si escucha atentamente cuando conversa con sobrevivientes, notará
que todos
se refieren a los mismos principios fundamentales. Si el camino
hacia la
salvación era liso o rocoso, si había que recorrerlo como la
pista de una
carrera de velocidad o como una lenta y pesada maratón, todos lo
hicieron
siguiendo las mismas técnicas de supervivencia.
LA CLAVE DE LA SUPERVIVENCIA
La supervivencia después de la crisis no sólo depende de una
cuenta
bancaria importante, de montones de amigos ni de habilidades
excepcionales.
Todo eso facilita las cosas, pero la supervivencia
depende de las elecciones
que se hagan y de las acciones que se realicen.
Durante años los psicólogos han estudiado las
diferencias entre las personas que crecen a través de las crisis
de la vida y
las que no lo hacen. La gran diferencia entre los dos grupos es
que los
sobrevivientes - a menudo sin darse cuenta - se cuidan en
cuatro campos
importantes.
Los sobrevivientes son los que han cuidado sus
organismos, los que encontraron maneras de expresar y manejar los
sentimientos
intensos y a menudo penosos, los que han triunfado mentalmente
sobre la crisis
y han realizado cambios concretos en su comportamiento que les
permiten vivir
en un mundo distinto, nuevo.
Lo mejor de todo esto es que la experiencia de
los sobrevivientes puede servir como guía al resto de
nosotros para que
salgamos airosos de las crisis. Podemos seguir sus
pasos.
Tomar por la senda que lleva al crecimiento
significa prestar atención a cada uno de los campos primordiales
de la vida.
Significa:
- · Cuidar el organismo
- · Manejar los sentimientos penosos
- · Cambiar la mentalidad
- · Adaptar la conducta
EL CUIDADO DEL ORGANISMO
Y DEL CUERPO
Un peligro que está siempre presente en una
crisis es la muerte: el suicidio o el homicidio. Pero existen
otros peligros
físicos que acompañan a las crisis además de los de violencia y
muerte. La
tensión psicológica de la crisis siempre acarrea una tensión
física.
Los músculos se tensan y eso conduce a los
dolores de estómago, el cuello rígido, el dolor de espalda; se
hace más lenta
la circulación de la sangre produciendo dolor de cabeza y mal
dormir; los
nervios parecen estar al descubierto, invitando al abuso del
alcohol o de las
drogas para calmarlos.
Si bien todo eso es malo de por sí, existe
también el riesgo de que se adopten malos hábitos que continuarán
cuando
termine la crisis.
No es raro que una persona que ha dejado de
fumar hace mucho tiempo vuelva a hacerlo después de alguna seria
crisis
matrimonial o una perturbación en el trabajo. Otro individuo
puede desarrollar
la costumbre de comer por ansiedad después de la enfermedad o la
muerte de un
miembro de la familia.
La manera en que se sienta en las primeras
etapas de la crisis será distinta de la forma en que se sentirá
después. En las primeras etapas usted sólo quiere
mantenerse entero; más adelante,
cuando la vida empiece a normalizarse un poquito, tendrá la
oportunidad de
hacer algo más en las áreas de la nutrición, el ejercicio y el
descanso.
Las grandes crisis de la vida suelen
señalar el comienzo de nuevos estilos de vida, más sanos, para
muchas personas.
Cuando se está en una crisis lo último que
usted quiere oír es que alguien le diga:"come bien y haz
bastante
ejercicio" o "encuentra la manera de relajarte y
liberarte de
todas las tensiones". Está dolorido, su mundo está en
crisis, su vida
se ha dado vuelta totalmente.
No se puede comer. No hay tiempo para hacer
ejercicio: se está demasiado ocupado conduciendo de ida y de
vuelta al hospital
o tratando de encontrar trabajo o simplemente tratando de pasar
el día. El
descanso y el relajamiento suenan bien pero se tiene la
conciencia del dolor
emocional latiendo en uno, el descanso es inconcebible; y la
relajación,
imposible.
Es verdad: la naturaleza misma de una
crisis está en oposición directa al bienestar físico.
Pero también otra
cosa es cierta: se debe cuidar el organismo primero; de otra
manera nada podrá
concebirse.
Es obvio que si su salud se va deteriorando o
si usted muere como resultado de una crisis, no habrá mucha
diferencia en las
maneras en que usted puede manejar el resto del acontecimiento.
Si no da pasos
para protegerse del dolor, de ingerir demasiadas píldoras o beber
demasiado alcohol
o de o de quitarse la vida, entonces nunca tendrá la
oportunidad de
comprender la crisis, de hacer adaptaciones en su vida para
crecer y enfrentar
el futuro.
Por consiguiente, el requerimiento básico es
dar los pasos necesarios para mantener el organismo en buenas
condiciones de
trabajo - tan bien como sea posible en esas circunstancias-
mientras transcurre
la parte más dura de la crisis. Aunque parezca raro pensar en eso
ahora, también
puede buscar las oportunidades escondidas que mejorarán su
bienestar físico
como resultado de la crisis.
¿Mejorar la salud? Mal momento para penar en
mejorarla ¿no? De todas maneras ¿cómo puede alguien pensar en la
salud durante
algo tan malo como divorciarse, ser despedido o descubrir que
necesita una
operación por una enfermedad del corazón?
Los dos objetivos que hay que tratar de
alcanzar para cuidar el organismo durante una crisis son:
1) protegerse de daños en el organismo, y
2) buscar las oportunidades para mejorar la salud a largo plazo.
Si se cumplen estos dos objetivos no es raro
que el individuo, cuando supera la crisis, esté en mejores
condiciones físicas
y de salud que antes de haberse producido el acontecimiento
desencadenante.
Recuerde que uno de los aspectos positivos de
una crisis es que cuando existe el peligro, también existe la
oportunidad.
Muchas veces una crisis nos obliga a renunciar a pautas de vida
que actualmente
están haciéndonos mucho daño. A veces el viejo estilo de vida
tiene que
derrumbarse completamente para que entendamos que hay mejores
maneras de vivir
y de cuidarse.
Las ideas presentadas van a ayudarlo a cumplir
dos objetivos: lo ayudarán a proteger de daños a su organismo y
le abrirán la
puerta a mejores maneras de cuidarse en el futuro.
La época de la crisis puede ser la época en la
que usted empiece a aprender métodos mejores y más y más
satisfactorios de
comer, hacer ejercicios y relajarse.
Muchas de las personas que acaban matándose o
matando lo hacen porque no ven ninguna esperanza de cambio en el
futuro.
Después de todo, una crisis es un período en las que se alteran
todas las
pautas normales de vida; a veces tan seriamente que parece que no
hubiera
motivos para seguir viviendo. Pero la experiencia con
sobrevivientes
demuestra que los pensamientos desesperanzados, melancólicos,
oscuros, cambian;
a veces con rapidez sorprendente.
Por consiguiente, espere el cambio.
Como sus ideas y sus sentimientos cambiarán pronto, ¿por qué
tomar decisiones y
cometer actos de los que podrá arrepentirse dentro de unas pocas
horas? Espere.
Mantenga las opciones abiertas. Vea lo que le producirán los
cambios de ideas y
de sentimientos.
CÓMO EVITAR COMIENZOS FALSOS O TRAMPAS
Vivimos en una civilización donde es común anestesiarse frente al
dolor. Lo
hacemos de muchas maneras: el alcohol produce una especie de
tranquilidad y de
falsa seguridad a la mente y al cuerpo. Una amplia gama de
medicamentos, que se
venden sin receta, algunos para calmar y otros para estimular, se
consiguen
fácilmente.
En una crisis el equilibrio normal está alterado
- podemos entregarnos demasiado al trabajo, el sueño nos elude;
olvidamos hacer
ejercicio; comemos mal, alimentos no nutritivos, o comemos
demasiado; podemos
legar a beber demasiado-. Por consiguiente tomar el camino hacia
la salud
significa dar pasos que den por resultado que hagamos ejercicios,
que nutramos
y descansemos bien.
¡Aquí se presentan grandes oportunidades de
crecimiento!
En la época de crisis, cuando usted comienza a hacer el esfuerzo
de comer,
descansar y hacer ejercicio, puede adquirir hábitos nuevos y
saludables que
mejorarán el futuro respecto de lo que era la vida antes de la
crisis. Puede
empezar a cumplir un programa e ejercicio con regularidad, tomar
la decisión
consciente de ingerir alimentos más nutritivos, establecer un
ritmo regular de
trabajo / sueño.
EL DESCANSO
Otro aspecto del ritmo natural del cuerpo es el descanso. Esto es
lo que la
gente encuentra más difícil de lograr durante una crisis. La
tremenda angustia
mental y emocional asociada con un acontecimiento crítico parece
diseñada para
borrar cualquier oportunidad de descanso natural y relajamiento.
Si uno queda despierto toda la noche
preocupado por "¿Cómo voy a poder trabajar mañana si no puedo
dormir
ahora? Estaré muerto", sólo complica el problema porque
aumenta la
ansiedad, y esto a su vez hace más difícil conciliar el sueño.
Como ocurre con otro problema de salud, muchas
perturbaciones crónicas del sueño pueden estar asociadas a
distintas crisis de
la vida: un problema matrimonial, dificultades en el trabajo,
preocupaciones
financieras, enfermedad grave y otras cosas.
El doctor David Buchholz, jefe de Residentes en
la sección Neurología
del hospital Jonh Hopkins, nos dice que las
personas que atraviesan
una crisis luchan para conciliar el sueño algunas noches y luego
continúan
luchando por largo tiempo hasta que la situación queda bajo
control. Esto
es porque se ha desarrollado un ciclo en el cual el acto de
luchar para
conciliar el sueño se convierte en un acontecimiento provocador
de ansiedad; la
ansiedad continúa interfiriendo con las pautas normales del
sueño.
El Doctor Buchholz ofrece estas ideas para ayudar a conciliar el sueño:
- · Establezca un horario regular para dormir y respételo.
-
· Evite las comidas
pesadas, la excesiva ingesta de alcohol, cafeína y el
ejercicio
extenuante justo antes de acostarse. -
· Evite los sedantes o
tranquilizantes. Estos medicamentos son útiles
únicamente a corto plazo. El uso continuo puede causar insomnio crónico porque
las drogas que producen hábito pierden su efectividad rápidamente y hacen que
se deteriore la calidad del sueño. -
· Tenga un lugar
confortable para dormir que no sea compartido por alguien
que mira televisión, use el estéreo o lee. - · Tome algo de leche o coma un bocado de queso antes de acostarse.
-
· Evite hacer la siesta
durante el día par "recuperar" el sueño
perdido a la noche. La siesta le asegurará que no va a dormir en el horario de
hacerlo. -
· No se quede en la cama
sin dormir por más de 30 minutos. Si tiene problemas
para dormir lo mejor es que se levante y realice alguna actividad descansada
como leer o escuchar música suave hasta que vaya sintiendo sueño. (Eso inhibe
el ciclo de ansiedad que ocasiona la incapacidad para dormir). -
· Algunos problemas
pueden postergarse durante la noche escribiéndolos en una
hoja de papel. Una vez que los ha escrito, puede olvidarlos hasta que esté
preparado para encararlos al día siguiente. -
· Recuerde que la falta
de sueño no va a dañarlo tanto como la preocupación
por no lograr dormirse. Es previsible que durante las primeras etapas de una
crisis las personas duerman menos.
COMBATIENDO EL ESTRÉS CON RELAJAMIENTO
Como los músculos tensos y las emociones tensas van de la mano,
la mejor
manera de combatir el estrés es relajándose: no es posible sentir
estrés
mientras se está completamente relajado. Resulta interesante que
el
relajamiento físico no solamente reduce el estrés físico sino
también el
mental. Es casi como si el organismo relajado no permitiera que
el cerebro
produzca los pensamientos tensionantes o los temores. De todas
maneras, durante
una crisis, puede ser difícil relajarse.
EL MANEJO DE LOS SENTIMIENTOS PENOSOS
Si algún aspecto de la crisis que sobresale, o
si tiene una parte que queda por más tiempo en la memoria, es que
toda la
experiencia es horrible.
Durante una crisis, las emociones giran en un
torbellino salvaje. Los extremos se convierten en norma. Por
cierto que lo que
hace que una crisis sea demoledora para mucha gente es que la
magnitud de los
sentimientos es más grande que la que se haya experimentado en la
vida. El
duelo, la furia, la angustia, la depresión, la culpa, todas estas
emociones se
experimentan en megadosis que atacan y lesionan a los delicados
sistemas del
cuerpo.
Si no se expresan, esas emociones poderosas se
"embotellan" de alguna manera, acto que consume enormes
cantidades de
energía, y por lo tanto queda menos energía disponible para otros
propósitos
como trabajar, divertirse y amar.
Mantener embotelladas las emociones fuertes
siempre resulta una aventura peligrosa. Aumenta la presión y no
hay válvula de
escape. Eso daña el reservorio y suele conducir a una explosión
cuando la
presión se hace demasiado grande.
La gente que sobrevive a una crisis, en
particular la que hace mejor uso del potencial de crecimiento,
eventualmente
llega a elaborar los sentimientos poderosos como la furia, la
culpa, la
tristeza o el remordimiento, de manera que éstos no subsistan y
envenenen la
existencia.
En las primeras etapas de la crisis esos
sentimientos intensos deben ser identificados para permitirles
luego una manera
de expresión. Es casi como dejar salir algo de vapor de la olla a
presión: se
alivia algo de intensidad y puede comprenderse mejor la
existencia de esas
emociones y el significado que tienen en la vida.
Los sobrevivientes no ignoran sus sentimientos
durante una crisis. En lugar de eso, los manejan, encuentran
formas de
expresarlos y comprenderlos.
CÓMO MANEJAR LOS
SENTIMIENTOS PENOSOS
Para mucha gente, los sentimientos poderosos
que acompañan a una crisis son los que empeoran todo. Ya es
bastante malo
perder a un ser amado o un trabajo o una relación o enfrentarse a
un desafío nuevo
y amenazante; pero la alteración emocional es un
obstáculo en todo lo que
usted hace para tratar de vencer la crisis.
Desea que los sentimientos negativos como la
ira, amargura, odio, culpa, tristeza o angustia, simplemente
desaparezcan. Pero
no lo hacen.
Muchos libros y artículos de autoayuda
explican que esos sentimientos negativos como la ira, culpa,
amargura y otras
emociones muy poderosas no sanas y que nosotros
deberíamos vivir de tal
manera que nunca nos enojemos ni suframos angustias ni nos
pongamos tensos ni
tengamos miedo.
"Tenga calma, tranquilidad, paz",
sugieren. "No se ponga nervioso por las cosas que ya no
puede
controlar".
Sin embargo, el hecho es que este consejo no
funciona en una situación de crisis. El acontecimiento crítico y
su impacto en
la vida son demasiado avasalladores, y a veces demasiado penosos.
Usted simplemente no puede suavizar el dolor.
Durante una crisis encontrará imposible
desembarazarse de los sentimientos penosos en una forma rápida y
segura. Los
sentimientos siguen estando e interfieren con su vida.
Una consecuencia muy dañina de los
sentimientos no expresados es que, a menudo, en lugar de
desaparecer, crecen y
creen hasta que, como en un envase de aerosol, pueden estallar.
Más aun, necesitaba una manera de hacer que
esos sentimientos trabajaran en su provecho; verlos como
eran: signos que
señalaban el camino en el laberinto.
Si bien casi todos nosotros somos expertos en
el manejo e los sentimientos agradables - alegría, felicidad,
cariño, gratitud-
, sabemos muy poco de los desagradables. Los sentimientos
negativos nos
asistan y ponen incómodas a las personas que nos rodean, así que
tratamos de
evitarlos lo más posible.
En realidad la sociedad no alienta a que
evitemos encarar los sentimientos penosos, nos dice: "Tómalo con
calmo,
contrólate, sé fuerte". Esta actitud es reforzada una y otra vez
de muchas
maneras. Por ejemplo en un funeral, a menudo se escuchan
comentarios respecto
de los miembros de la familia afectada: "¿No es cierto que
ella lo está
soportando bien?"; "El se controla muy bien".
Es decir que las personas que "se
aguantan" y "se controlan" son aquellas que no expresan sus
sentimientos. Es así como se enseña a mantener las emociones
penosas encerradas
en nosotros, a evitarlas o a enterrarlas o a no dejarlas salir.
Es mejor
mantenerlas adentro, controlarlas; si no, se nos irán de las
manos.
Detrás de todo esto está la idea de que las
emociones son irracionales y no deben expresarse
abiertamente porque eso
nos impediría encarar racionalmente nuestros problemas. Por
desgracia para una
persona en crisis, el mero hecho de negar, enterrar o ignorar los
sentimientos
penosos puede tener consecuencias dañinas y muy duraderas.
Desde luego que estos sentimientos penosos
intensos no siempre afloran en forma dramática.
Pueden permanecer hirviendo en lo profundo de
nuestro ser, consumiendo más y más energía vital, quitándonos la
fuerza;
pueden, como el cáncer, carcomer las fibras del bienestar
emocional, alterar el
equilibrio normal de la salud física. Nuestros cuerpos y nuestras
emociones son
sistemas en conexión absoluta. Cuando algo ocurre en un
sistema, afecta al
otro también. Un golpe emocional puede crear malestar
físico.
Los sentimientos penosos no desaparecen; de
alguna forma van a manifestarse. Pueden aparecer como insomnio,
dolor de
espaldas, una úlcera, un dolor miserioso o náuseas. A algunas
personas les
duele la cabeza; otras tienen picazones o pierden peso. A menudo
este efecto de
los sentimientos negativos agrava una vieja herida o lesión o
enmascara algún
otro malestar físico inexplicable, golpeando donde el organismo
es naturalmente
más débil; para alguno será una sinusitis, para otro, una
articulación
artrítica. La lista es interminable.
Pero malo como es todo esto, no constituye la
totalidad de la historia. También hay buenas noticias sobre los
sentimientos
penosos. Como hemos visto, esos sentimientos pueden ser un faro
en la noche que
nos indica el camino hacia la curación y el crecimiento.
A menudo son los sentimientos penosos los
que proporcionan la primera clave sobre la manera en que la
crisis está
agitando algunas cosas no concluidas en el pasado, y nos llevan
hacia un
reordenamiento de la vida para el futuro. El contador
Geiger suena
fuertemente cuando el que busca entra en una zona rica en uranio;
los
sentimientos intensos hacen psicológicamente algo muy parecido
por usted. Le
dicen qué es lo que usted está por encontrar, y que esto es algo
muy importante
de su pasado, o que está entrando en una zona crítica para su
futuro.
Descifrar lo que estos sentimientos penosos
están tratando de decirnos no es tan difícil como parece. La
clave reside en
tratarlos de manera que no nos avasallen ni nos derroten sino que
nos sirvan
para señalarnos el camino del crecimiento.
EL SECRETO DE LA PSICOTERAPIA
Una piedra fundamental de la psicoterapia es la catarsis: la
liberación
emocional de los sentimientos, su expresión, su salida al aire
libre. Por
desgracia la mayoría vive sujeto a muchísimos mitos y errores
sobre los
sentimientos penosos, tanto que tiende a mantenerlos embotellados
dentro de sí,
temiendo lo que podría pasar si los dejara libres.
Gran parte de la magia de una sesión de
psicoterapia es el resultado directo de la atmósfera de
franqueza en la que
una persona puede hablar libremente de sus sentimientos de
tristeza o duelo o
depresión o ira y luego comenzar a entender lo que esos
sentimientos significan.
Este es un hecho fundamental y simple de
crecimiento a través de una crisis. Veámoslo más de cerca.
El manejo de los sentimientos dolorosos que se
viven a través de una crisis significa:
- · Identificar sus sentimientos
- · Expresarlos
- · Analizar su significado
- · Controlar los efectos negativos potenciales
El mero hecho de poner una etiqueta en lo que
usted está sintiendo equivale a ganar casi la batalla. A veces,
saber con qué
está tratando puede ser una verdadera oportunidad.
Ej: "Estoy triste. Y estoy deprimido
respecto del futuro. Tengo miedo de lo que mis amigos puedan
pensar de mí. Me
avergüenza estar con ellos porque me siento como un tonto.
También estoy muy
enojado con María por lo que me ha hecho".
De alguna manera uno se encuentra expresando
con palabras todas esas cosas que habíamos tenido guardadas
dentro,
carcomiéndonos, durante semanas. El solo acto de
mencionarlas nos produce
alivio y nos damos cuenta de qué es lo que tenemos que
superar.
Es el primer paso hacia el control de los
sentimientos y al inicio en el sendero del crecimiento.
Para algunas personas resulta muy difícil
identificar lo que están sintiendo. Es difícil cuando uno está
poco en contacto
con la parte emocional de su persona. Quizás sus
sentimientos han sido
ignorados, negados o suprimidos hace tanto tiempo que ahora tiene
dificultades
para saber qué es exactamente lo que está sintiendo.
Eso es bastante común. Una buena manera de
empezar a identificar los sentimientos es mirar la siguiente
lista de palabras
que los expresan.
ANOTE EN UNA HOJA CÓMO SE SIENTE
ABANDONADO CONFUSO HISTÉRICO OLVIDADIZO
ABATIDO CULPABLE HOSTIL OPRIMIDO
ABURRIDO DESCONFIADO IMPRODUCTIVO PARANOIDE
ACEPTADO DESEQUILIBRADO IMPULSIVO PASIVO
AISLADO DESGANADO INADAPTADO PERSEGUIDO
ALETARGADO DESILUSIONADO INADECUADO PERTURBADO
ALIENADO DESPOJADO INCOMPETENTE PREOCUPADO
AMARGADO DEPRIMIDO INDIFERENTE PRESIONADO
AMBIVALENTE DISPERSO INEFICIENTE REBELDE
ANGUSTIADO DISTRAÍDO INESTABLE RECHAZADO
ANTAGONISTA DUDOSO INHIBIDO REPRIMIDO
ANSIOSO ENFURECIDO INQUIETO RETRAÍDO
APÁTICO ENOJADO INSATISFECHO SOÑADOR
APRENSIVO ERRÁTICO INSEGURO SOLITARIO
ARREPENTIDO ESPERANZADO IRRACIONAL TEMEROSO
CELOSO ESTIMULADO IRRITABLE TENSO
CODICIOSO EUFÓRICO LIBRE TÍMIDO
COMPETITIVO EXCLUIDO MALHUMORADO TONTO
COMPULSIVO EXPLOTADO MELANCÓLICO TRISTE
CONDENADO FRUSTRADO NERVIOSO VÍCTIMA
CONFIADO HERIDO NO SOCIABLE VULNERABLE
¿Cuáles se aplican a lo que usted está sintiendo ahora? Es
probable que las que
tienen significado negativo. O quizás usted va de una a otra
sintiendo un poco
de temor, sintiéndose primero deprimido y luego angustiado.
Otra manera de ponerse en contacto con lo que
está sintiendo durante una crisis, es observar sus
pensamientos y fantasías
y su propia conducta. Hay una conexión neta entre los estados
emocionales y
mentales y entre los estados emocionales y físicos. Las
emociones tienen
correlatos físicos y correlatos mentales. Eso es fácil de
observar.
Cuando usted está enojado, los músculos se
tensan, se descansa adrenalina al torrente sanguíneo como si
estuviera
preparándose para atacar. Si usted está ansioso o angustiado, el
estómago se
endurece, se seca la garganta y sudan las palmas de las manos. Si
usted está
deprimido puede que sienta los miembros pesados, aletargados y le
resulta un
esfuerzo enorme moverlos o pensar.
Esas son las sensaciones físicas asociadas con
sentimientos particulares. Por consiguiente, si
usted
tiene dificultad para señalar exactamente cuáles son sus
emociones, tiene
sentido detenerse un momento y examinar qué está ocurriendo a
nivel físico.
Expresar sus sentimientos significa
simplemente liberarlos. La expresión puede ser verbal (hablar
sobre ellos) o no
verbal (actuar en función de ellos).
Una manera es ir a un cuarto privado y cerrar
la puerta de manera que no lo oigan. Háblese en vos alta; suponga
que está
hablando a un escucha invisible o a un amigo imaginario en el
otro extremo de
la línea del teléfono.
Dígale a su interlocutor cómo se siente:
exactamente cómo se siente. No le oculte nada. Maldiga, jure,
grite y
enfurézcase o lo que sea, pero manténgase en total comunicación
con su escucha
imaginario.
Tenga cuidado de no interferir con el proceso
diciéndose cosas como: "Esto no me hará bien" o
"Esto
no cambiará nada". Realmente enfurézcase, grite, enójese, o
haga
cualquier cosa que pueda ser importante para su recuperación
personal, aunque
no llegue la raíz de lo que ocurrió.
Si al hablar con usted mismo se siente
incómodo o extraño, puede tratar de tener un interlocutor real:
un amigo, un
miembro de la familia, un consejero, como ser un
sacerdote. Cualquier que usted piense que podrá ser un
interlocutor que no lo
interrumpa.
Deje que la luz del foco caiga en lo que está
sintiendo, no en lo que usted va a hacer sobre la
situación. La idea
principal es la de identificar sus reacciones ante la crisis,
señalar sus
sentimientos inmediatos.
Hablar con otra persona puede ser arriesgado.
Los buenos escuchas son difíciles de encontrar. La persona que
permitirá que
usted se exprese sin tomar partido o juzgar sus sentimientos u
ofrecer los
consejos que usted no desea es muy difícil de encontrar.
La mayoría de la
gente no sabe cuanto se ayuda simplemente escuchando.
Pero si usted conoce
a alguien que lo haga por favor hable con esa persona.
Otra manera de expresar los sentimientos
escondidos es escribir. Lleve un diario o escriba una carta larga
con todos los
detalles, con todas las cosas por las que usted está pasando.
Repetimos, no
oculte nada ni trate de ser educado. Como usted no va a enviar la
carta por
correo, no importa lo que diga. Enójese, muéstrese tan
odioso o tan
deprimido como quiera. Está solamente escribiendo palabras sobre
un papel y al
papel no le importa. Está haciéndolo por el alivio que
eso proporciona.
Ya sea que usted elija hablar en voz alta
diciendo cuáles son sus sentimientos o los escriba, lo principal
es tener en
cuenta que está abocándose a una tarea que puede abrirle canales
de expresión
que usualmente están cerrados. Al abrirlos usted puede
dejar que sus
sentimientos comiencen a fluir.
Otra manera de expresar los sentimientos es
mediante la acción. Algunas personas cuando se enojan tiran cosas
o patean al
perro. Esto produce un alivio físico de alguna manera,
aunque con
desventajas evidentes. Usted puede intentar algo similar
aunque menos
agresivo para otros.
Golpear una pelota de tenis o golpear una
bolsa de boxeo puede producirle alivio, especialmente si usted
imagina la
persona o el objeto que le ha causado dolor. De la misma manera
dar puñetazos a
almohadones y expresar con palabras sus sentimientos resulta muy
efectivo. No
se sorprenda de palabras o pensamientos como "¡Te odio!"
o "¡No
vuelvas a hacer eso jamás!" o "No voy a soportar más
esto".
Los terapeutas escuchan exclamaciones como esas todo el tiempo
mientras
alientan a sus pacientes a actuar físicamente y a expresar sus
emociones
frustradas.
Lo que hemos dicho sobre la expresión de
sentimientos puede provocar algunas preguntas de su parte:
"¿No empeora
las cosas el dejarse ir y expresar los sentimientos? ¿Qué pasa si
sigo enojado
o alterado? ¿No debería aguantar sin demostrarlo?"
No, albergar sentimientos negativos no es
saludable. Abanicar las llamas de la ira, nutrir la amargura,
mantener el dolor
intacto, o tener el llanto como un estilo de vida, todo eso
resulta
destructivo. No es eso lo que queremos.
Estamos simplemente subrayando el hecho de que
la identificación de los sentimientos y su expresión en alguna
forma, son los
primeros pasos imprescindibles para controlarlos: los
dos
manten






